Última mentira
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Y se fueron muriendo los besos entre mentiras, ya no quedaba nada de aquellos corazones unidos entre labios. Todo se había transformado en un engaño, en un intento de sujetar el amor con cuerdas del pasado.
Ni una palabra sincera, todo cuanto nos decíamos era buscando un fin, algo que nos hiciera salir como ganadores de aquella batalla contra el amor perdido.
Ya no quedaba ni un beso de despedida, los dos nos ahorramos la última mentira. Tal vez nunca fue verdad nuestra verdad y los besos eran la compra de nuestra propia necesidad.
Me gustaría no quedarme con este sabor a hiel que amarga mis labios, me gustaría de haber perdido su amor quedarme con el poso de su amistad y cariño por todo lo pasado pero solamente ese sabor salado de una nueva derrota de la verdad.
He dado todo cuanto tenía por un beso pero era tampoco lo que en verdad tenía que los besos no fueron más que la parte del engaño.
Juntos hicimos de una niña una mujer y con la mujer vino el engaño, la muerte de la ilusión y un campo regado de amor que no valía nada en la parcelación de la vida.
Es momento de retirarse a lamer las heridas que la mentira fue dejando, toca aferrarse a lo bonito que me engaño haciéndome creer feliz , ahora en la distancia valoro cuanto di y tal vez el amor no tiene suficiente valor.
De nuevo busco en la soledad un beso perdido, tal vez el tren de la vida me deja en la estación de la espera. Siempre soñaré que el amor es posible aun cuando mi corazón se pudre en el recuerdo de un millón de besos falsos.
Mañana, cantaré de nuevo y pensaré en que no se puede pedir a los demás honradez ni en los besos. Mañana ni siquiera me quedara un recuerdo a quien besar. Sólo una gran mentira que ha engañado mi felicidad a un precio demasiado alto.

Un día cualquiera de hace ya “algún” tiempo, entre en una cafetería con unos amigos, la idea era jugar a los dardos y sobre todo conocer a la camarera que era preciosa.
Habían pasado ya algunos años desde la última vez que nos vimos, ella seguía igual de preciosa, yo, un poco más gastado por la vida pero con el mismo corazón que tanto la había amado.
Hacía mucho tiempo que no nos veíamos cuando sus labios acariciaron los míos. La vida y las circunstancias nos habían alejado más tiempo del que los dos podíamos soportar y ahora, allí uno frente al otro apenas podía decir una palabra y dejamos que nuestros labios recorrieran la piel mientras las manos buscaban esa caricia interminable.
Hacía más de un año que trabajábamos juntos y apenas nos habíamos hablado, alguna mirada, una sonrisa, la cortesía normal entre compañeros, pero nada más.