Una vida repleta de amores y amoríos, montañas de besos en mis labios y por fin UNO, un solo beso, acaricia mi alma, haciendo que un escalofrío de sentimientos me recorra. Y nunca la había visto, ni aun cuando me beso. Fue un delicioso beso virtual
Sus labios tenían un sabor a miel y limón, sus ojos enormes verdes como dos enormes aceitunas y su voz delicada y suave decía te amo como nadie puede imaginar.
Aquellos ojos un día se cansaron de amar y la voz se agrió, sus labios eran una fuente de desaciertos y al final se fue, llevándose su engaño, su falsedad y su mentira y supongo que aun vive con ella, de eso no es fácil desprenderse, no es como el peso de la vida o el sentimiento de los otros. Con la falsedad se vive eternamente y yo busque otros labios que posiblemente no sabían a miel, unos ojos menos verdes y una voz que brotaba del corazón aun cuando no sonara tan dulce y eso llenó mi vida de la tristeza de sus pobres y dulces labios fingidos.
El amor al igual que los besos, no se pueden fingir eternamente y al final la farsa siempre se termina de representar, entonces queda ese sabor a fresco que deja la verdad.
Cuando me la presentaron me quedé mirando para ella y sin pensarlo más le dije”Tu te vas a enamorar de mi” Ella se echo a reír, tenía una risa pícara, alegre cantarina como un cascabel. Yo apenas la mira dejándola sorprendida me puse a hablar con sus amigas, mientras ella, decía de mí que era un presuntuoso, un fatuo, un ligón.
La fiesta continuaba y yo había bailado con todas menos con ella, así que me tocaba, estaba realmente preciosa, toda su delicadeza femenina resaltaba en aquella especie de túnica de seda; tardamos en comenzar a hablar y lo hicimos los dos a la vez, ella tenía ganas de soltar su rabia y yo de demostrarle que no era como ella había pensado, las canciones se iban sucediendo y ninguno de los dos mostraba interés en irse. Entonces Miguel me llamó para cantar algo, ella no sabia que yo cantaba y se quedó sorprendida, se acercó al escenario y le dedique la canción “a la mujer que había amado siempre”
Cuando termine de cantar, se acercó a darme las gracias con una franca sonrisa y sus labios temblorosos, me acerque para besar su mejilla , pero decidí cambiar sobre la marcha y depositar mi beso en sus labios, ella no lo rechazo y todos nuestros amigos se pusieron a reír , entonces ella en un alarde de genio pasó sus brazos por mi cuello y me besó con ganas, con tantas ganas que ya no me pude separar de aquel beso nunca.
Éramos muy, muy jovencitos, casi tanto, que el recuerdo tan sólo me llega como el de algo muy dulce en mi vida
Había un viejo cine en mi ciudad muy oscuro, “El Doré”Nos toco sentarnos en la última fila, ya ni recuerdo la película, se que era una historia de amor y muy emocionante, ella apretaba mi mano con la suya y cuando llegó el desenlace feliz emocionada con unas lagrimas brillando en sus ojos, acercó su rostro al mío y sentí aquellos labios húmedos en los míos como unas gotas de rocio fresco en nuestras mañanas.
Apenas nos dio tiempo a conocernos, tan sollo un viaje en tren desde Madrid a Berlín. Todo comenzó cuando intenté ayudarle con su maleta, ella me lo agradeció con una enorme sonrisa, una sonrisa que me cautivo sin remedio. Aquellos ojos enormes y unos labios preciosos que recordaban el color de las fresas en verano; su pelo largo y rizado de un negro azabache caía sobre sus hombros; vestía muy elegante para ser tan joven, debajo de aquella ropa se adivinaba un cuerpo perfecto.
Ya la charla comenzó muy fácil, ella viajaba a Berlín donde estudiaba filología y yo iba en un viaje de trabajo. Tenía 24 añitos y yo entonces 30, así que nos era natural encontrar distintos temas de conversación, había una gran coincidencia de criterios y las risas eran continuas.
Cuando llegó la hora de cenar fuimos juntos al vagón restaurante y el ambiente era ideal, pocas mesas ocupadas y una luz deliciosa en su rostro. Me quedé un rato pensando, dudaba en si era que me gustaba tanto o si realmente aquello era lo que la gente llamaba un flechazo; tenía ganas de quererla, de abrazarla, de besarla y tan sólo nos habíamos conocido hacía unas horas.
Ya no quedaba nadie en el restaurante cuando regresamos a nuestro vagón sin para de reír por todas las cosas.
Durante un momento mis manos rozaron las suyas y fue como un latigazo de pasión, ella me miró cómplice, como si quisiera trasmitirme ese mismo sentimiento, pero no dijimos nada, solo desviamos la mirada a lo que a ambos debía parecer una locura.
Horas preciosas sin descanso en nuestros ojos y en mi alocado corazón hasta llegar a nuestro destino, ya para entonces sabía más de ella que de muchas personas que habían compartido muchísimo más tiempo conmigo.
Al fin el destino nos iba a separar o tal vez aquello sólo sería el principio de una gran historia de amor.
Ya en nuestra estación de destino, tome sus manos entre las mías, nos miramos y nos fundimos en un abrazo que ella remató con un enorme y apasionado beso.
La vi marchar con sus amigos y mis compañeros me llevaron con ellos y en mis labios el recuerdo de un beso que dejo el sabor de una promesa
El pelo a lo “afro” Vaqueros rotos y muy desgastados, unos corchos en los pies, una vida con muchas vueltas y el cuerpo más hermoso que nadie pueda imaginar. Ella era así, desenfadada, siempre alegre y con una vida muy intensa a un a sus pocos años.
Cuando se nos veía juntos eramos como la representación de las dos Españas, pero no de esas españas de guerras civiles, e ideologías encontradas. Nosotros representábamos a una España moderna, actual, con ganas de vivir la libertad que ya ella conocía de otros países. Yo por mi parte representaba el mundo mas conservador atado a mis trajes y corbatas, a coches de lujo y universidades, a cuentas en el banco y visión no más lejana a la punta de mi nariz.
Pero nos amamos, nos amamos con pasión, casi con desesperación tratando un poco cada uno mostrar al otro la otra parte de la sociedad. Mi cuerpo se hizo hombre con ella, con ella, aprendía a amar, con ella aprendí a soñar y con ella aprendí a perderla.
Un día nos besamos con una ternura que recuerdo especial, ella se iba con sus corchos, sus tatuajes y su roto pantalón y yo con mi traje italiano, ya en las escaleras nos dimos un beso y la vi salir.
Un accidente con el coche y ya nunca volvió, no pude hacer nada por ella más que guardar sus besos en mi recuerdo, comprarme unos vaqueros y quemar mi mejor corbata de seda. Tal vez no logré nada, tan solo perder mi corbata.
Pasaron los años y la distancia fue haciéndose cada vez mayor, todos los problemas se hacían mas grandes de lo que en realidad eran. La economía, los miedos, la perdida de confianza nos fueron alejando. Los besos se fueron apagando en el silencio y sólo quedaba el recuerdo de un gran amor, de una enorme ilusión que los imponderables de la vida fueron matando.
Los dos teníamos deseos de no dejar morir algo que había sido tan intenso y profundo, pero ya las barreras del irracional dinero se habían interpuesto, era el fin de la amistad, cuando llegó aquel beso con intento de resucitar el pasado, el miedo puso una barrera entre nosotros, se había perdido el principal ingrediente de nuestro gran amor “La Amistad” se había perdido la confianza ciega en el otro, la admiración y el recuerdo sólo, no eran columnas suficientes para sostener el peso de un colosal amor ¿ o tal vez no? La vida es más cruel de lo que parece y se va cobrando víctimas con el veneno del egoísmo.
Fue ya un beso de dolor, un beso de pena por lo que había sido maravilloso y que tal vez no tenía ningún soporte
Había recorrido todo el atlántico paraverla, 12 horas de viaje para encontrarme con ella, con un amorque yo sabíaque era imposible ylaquise defenderbuscando otra amiga para pasaresosdíasy a ellasóloconocerla.
Ella tenía diecinueve años ycomenzaba su vida, sucarrera, sufuturo,yo yaerauna persona mayor, una persona que se había enamorado de una niñapor internet y el teléfono.
Porfin quedamos paracomer en Lima,Brujas de Cachiche, allí la vi entrar, era preciosa, realmente la mujer soñada paracualquier hombre, nossentamos entre nervios en la mesa . Suspadres sabían que iba a estar conmigoy tenían miedoyla llamaron durante lacomida.
Ellame miraba alos ojos con tanto amor comohabíaen los míos, pero nopodíamosdestrozar su vida … Los dos queríamosbesarnosy lo hacíamos con los ojos. Nos planteamosbuscar un lugar menospúblico para estar solos, los dos sabíamos quesillegaba esonopodríamos separarnos. Era lahora de separarnos y me acerque a ellá, nuestros labios se juntaron en una mezcla de lagrimasy reproches. Nosvolvimosa ver los días siguientes en la ciudad perolos dos sabíamosque se habíaroto la posibilidad. Por fin llego ese momento del adiós para siempre, yo regresaba a Españay ella se quedaba con sumundo y durante añosconserve en mislabios el sabor de los suyos. La quisebuscar en nuestro mundo virtual muchas veces pero desapareció para siempre y de su recuerdosólo me quedoaquel beso de estúpidez
Era su momento, ese momento que sin duda nos llega a todos, el momento de descansar de una vida llena de trabajos de enfermedad de dos guerras una entre hermanos, de heridas de metralla en su cuerpo, de heridas de amor en su alma, de heridas de orgullo en su corazón.
Era el momento de dejarnos con un “Hombre” menos, con un Hombre en toda la extensión de la palabra, se iba para siempre un caballero que sin haber sido famoso o rico, que sin demasiado poder o influencia había sido un hombre importante que vivió engañado por los valores de la amistad y murió engañado por el secreto de su enfermedad.
No recuerdo que jamás me hubiera besado, siempre demostraba su amor entre “refunfuños” o regalándome aquellos zapatos de piel de .. ¿DE? no se de que, pero yo me los ponía con orgullo y el se sentía realmente importante con ello.
Le acariciaba el poco pelo que le quedaba, y su rostro que era todo ojos, su rostro despierto que se había comido la enfermedad y con mis labios roce su frente. El que no era amigo de besos aceptó aquel como algo natural y sus ojos se cerraron para siempre dejándome ese sabor a sal y amor de su frente.
Erauna nochede veranomuylinda, de esas que alguna vez nosregalanuestra tierra,un cielorepleto de estrellas y una hermosa luna bañaba la terraza. La música, los amigos, unas copas yun montón de risas. Ella estaba como siemprecon su grupo, eran nuestros amigos pero menos cercanos. Yohabía pensadoalgunas vecesquesimplemente nolecaíabien asíquenome acercaba mucho a ella, intentaba ser cortésyamable comocon todos pero nunca pasaba lacosamásallá de una galanteríaalverla.
Tal vezel efecto de las copas, el hecho de estar solo en ese tiempo, el querer saber la razón de esa distanciame llevó hasta donde ella se encontraba y sin apenas darle tiempo le pregunte. Ella me miró extrañadayde prontouna enorme sonrisa llenó su rostro para decirme que de ninguna forma, que todo lo contrarioque siempre le habíacaídomuy bien y que pensabade milo mismo que yo de ella.
Hablamosdurante mucho tiempo, yo me había olvidado de todos los invitados, ella acaparabatoda mi atención y de pronto alguien cambió la música por algomuy dulceyromántico,sus ojos me invitaron yyo no dudeal coger su manoy llevarla a lapista.
Sus brazos por micuello y su pelo rozandomi rostro eran una tentación al amor, ella medijo queera muyagradable bailar conmigo y yo apenas podía responder cuando me miró así que nolo dude, rocémis labiosen lossuyos y ella acepto aquelbeso comoalgo natural que continuaba la cadencia de loque seríaun gran amor. Fueun precioso beso de conocimiento.